José Molina Artiles – Año de luces …y sombras

vuelve a la página de los proyectos

La tarde del 1 de enero de 2022 se diluía y, en un arrebato, entré a la carrera en la casa, cogí la cámara y le hice unas pobres fotos, con muy poca luz ya, a un torreón eléctrico, cerca de casa. Acababa de decidir que haría al menos una foto cada día durante un año. No tenía ni idea de dónde me había enrolado. No imaginaba lo que este proyecto iba a suponerme en todos los aspectos, más allá del enorme aprendizaje fotográfico que finalmente ha supuesto.
Saber que cada día debía hacer fotos y seleccionar solamente una, suponía un reto que, de entrada, era sumamente atractivo; pero se fue haciendo oneroso, a veces, incluso agobiante, asfixiante, y, por momentos, irrealizable, porque había que compatibilizarlo con el trabajo, la familia, las reuniones, las tareas cotidianas, los imprevistos, las enfermedades, etc. Tampoco sabía que ese año se me caería mi vieja y querida cámara en un charco de agua salada, con un objetivo recién estrenado, y tendría que pedirle prestada la suya a mi hermano. Mucho menos podía sospechar que justamente ese año pasaría tres veces por la UCI. Allí, en el hospital, me aferré al móvil para intentar seguir con esa rutina que me venía acompañando diariamente durante meses.
Ahora, con cierta perspectiva, reconozco que ese propósito diario quizás me salvó de caer en un profundo pozo, aunque en ese momento pudiera parecerme disparatado y obsesivo. Fueron días de fotos con móvil, muy tristes, de la UCI, de la ventana de mi habitación de hospital, de las máquinas que me mantenían con vida, de mi demacrado aspecto, …
Frente a todo esto, emergieron familia y amigos para envolverme, animarme y protegerme. Luego vendrían las recuperaciones, las recaídas, el quirófano, y vuelta a empezar, sumamente débil y vulnerable. Sin embargo, seguí buscando un resquicio cada día, para tener una foto antes de las doce de la noche. Eso suponía, cuando el día venía muy complicado, que igual a las once y media de la noche montaba un bodegón en la cocina para salvar la foto del día, o me tenía que hacer un autorretrato, o me tiraba al suelo para hacerle un primer plano a mi inseparable perra. La fotografía fue un salvavidas en aquellos duros meses.
De esas 365 fotos, para este proyecto, he seleccionado una foto por mes. Esta ha sido otra labor de profundo aprendizaje y de autoconocimiento. Me ha permitido ir conociéndome mejor, y no solo fotográficamente.
Quiero dar públicamente las gracias a todos aquellos que se prestaron para posar, aunque no aparezcan en esta pequeña selección.

José Molina Artiles