La Albufera – Enero 2024

vuelve a la página de los viajes

Nada más llegar a Murcia, Tomás Hueso, nuestro maestro y guía, nos esperaba fuera del aeropuerto para iniciar esta aventura fotográfica. Desde ahí nos quedaba un largo recorrido hasta el Hotel Bartos, muy cerca de La Albufera. Fue llegar y caer rendidos, además había que madrugar para hacer fotos del amanecer.
A las siete y media de la mañana del 20 de enero salíamos del hotel rumbo al Port de Catarroja, allí nos esperaba un amanecer que dio juego con sus nubes arreboladas y sus reflejos entre barcas y pantalanes. Luego vino la guinda del pastel, un paseo en barca por los canales de La Albufera. Era un festival de aves: patos, garzas, cormoranes, moritos, … No sabíamos a dónde dirigir el objetivo de nuestras cámaras, daba igual, pues el disfrute no requería de fotos. Sin duda, este paseo fue balsámico.

Al mediodía, llegó el momento del almuerzo, una deliciosa paella valenciana, de conejo y pollo, y unas ensaladas en “Ca Pepe”. El ambiente era magnífico. Al salir tuvimos que afrontar un revés del todo inesperado, nos habían robado todo lo que pillaron en uno de nuestros coches, y aquí es donde se rebeló la resiliencia de este grupo de entusiastas de la fotografía. Unos fueron a denunciar el robo, y los otros a fotografiar el atardecer en La Albufera. Todos pudimos comprobar la grandeza, generosidad y empatía de Tomás cuando las cosas se pusieron feas, tras el robo. La cena volvió a ser un encuentro de risas y anécdotas, y empezó a rodar la próxima exposición del grupo.

Volvimos a madrugar, pero esta vez para ver amanecer en La Ciudad de Las Ciencias, que se prestó para fotografiar “el pez”, y buscar otros motivos fotográficos. Luego recorrimos La Albufera, cámara en mano, hasta que fuimos a almorzar en el “Asador La Ronda”, donde muchos alabaron la “sepionet”, amén de un jugoso y tierno costillar. Tras un breve descanso, la tarde y la noche se fundieron en una, y hubo incluso oportunidad de practicar fotografía nocturna con casa y barca. La cena volvió a ser momento de relajación y charla.
Nuestro último amanecer lo disfrutamos en La Gola de Pujol, aquí hicimos fotos de los pantalanes y del redolí, pero lo espectacular ocurrió cuando pasaron volando, en grandes bandadas, cientos de flamencos. Todos quedamos mudos, era una maravilla oírlos a ellos. Al final de nuestro viaje, cerca ya de Murcia, pasamos por Las Salinas de San Pedro, y allí pudimos ver y fotografiar, muy de cerca, algún que otro flamenco. En el aire, aparte de los flamencos, quedó un próximo viaje, Islandia.

José Molina